La Semana Santa de Carmona

Declarada en 1999 Fiesta de Interés Turístico Nacional, cuenta con un rico patrimonio artístico que, enmarcado por el entorno monumental de la ciudad, la convierte en un notable acontecimiento.

Tanto la imaginería como los enseres litúrgicos portados en los desfiles procesionales que tienen lugar durante toda la semana, representan un legado secular que, lejos de haber quedado estancado en el tiempo, se ha seguido enriqueciendo generación tras generación en una curiosa síntesis de dinamismo y tradición. Así en nuestra Semana Santa, podemos contemplar desde uno de los palios más antiguos de cuantos siguen procesionando en Andalucía, hasta las andas estéticamente más innovadoras de las últimas décadas.

Los desfiles procesionales, o estaciones de penitencia, se llevan a cabo por distintos itinerarios del casco histórico, determinados por las diversas ubicaciones de las iglesias y parroquias que albergan a las imágenes titulares de cada hermandad; aunque todos estos itinerarios confluyen en la espléndida Prioral de Santa María.

Dolorosa Servitas -Juan Bautista Patroni

A pesar de que en muchos aspectos está influenciada por la Semana Santa de la cercana Sevilla, aún conserva elementos que le dan un sabor propio a lo que contribuye sobre todo la personalidad y carácter de la ciudad y en particular de cada uno de sus barrios, advirtiéndose esto último y muy especialmente en la salida procesional de la Hermandad de la Expiración, más conocida como San Blas, cuyo transito por las calles del barrio es un acontecimiento altamente recomendable.

De entre todas las imágenes principales y secundarias que componen el conjunto patrimonial de las hermandades podríamos destacar las siguientes:

Dolorosa de la Orden Tercera de los Siervos de María, talla del siglo XVIII, atribuida (según González Isidoro) al italiano Juan Bautista Patroni.

Ecce Homo – Hermandad Esperanza – Pedro Roldan

El Ecce Homo de la Hermandad de la Esperanza, de mediados del XVII y relacionado con Pedro Roldán. Es una talla en la que se manifiesta el exquisito tratamiento de la anatomía, la delicada expresión del rostro y la pose en movimiento contenido que recuerda los mejores ejemplos de la estatuaria griega.

El Cristo Crucificado de la Hermandad de la Amargura, o de San Felipe como se la conoce popularmente, es obra de Jorge Fernández Alemán, del siglo XVI. Está considerado el crucificado más antiguo de la provincia que sale en procesión. En una reciente restauración se le ha devuelto la luminosa palidez original de su encarnadura. Tanto la guedeja que le cae sobre el rostro como el nudo del pañete son añadidos del siglo XX que se ha decidido conservar por un simple criterio de familiaridad visual. Cabe añadir que es una imagen que nos ofrece un interesante contenido iconográfico y simbólico que sería demasiado extenso tratar aquí.

Cristo Crucificado – Hermandad de La Amargura – San Felipe

La Dolorosa de la Hermandad de la Humildad y Paciencia es tal vez el ejemplo más refinado de la iconografía mariana pasionista de Carmona. Del siglo XVIII, es obra de José Montes de Oca. Destacan en ella la desconsolada expresión, que la hace única, y la cristalina y matizada encarnadura, así como la elegante conformación de las manos. La imagen del Cristo de la Humildad también es obra muy notable de la misma autoría.

Dolorosa Humildad y Paciencia -Jose Montes de Oca

Pero sin lugar a dudas, la imagen que condensa la esencia del Viernes Santo es Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la Hermandad del Silencio. La obra manierista de 1607 tiene la autoría documentada de Francisco de Ocampo, el cual se compromete mediante contrato a tallar una figura en madera de cedro “del tamaño de un hombre de siete palmos e medio”. Es de talla completa aunque posteriormente se le confecciona una túnica ricamente bordada que actualmente sólo se le viste en ocasiones excepcionales. El artista utilizó la técnica del “paño mojado” que consiste en modelar los pliegues del ropaje de manera que revelen la anatomía pero sin marcarla de manera explícita. Estofada en oro sobre verde, la imagen emite un discreto resplandor en la penumbra. Es muy interesante la proporción del rostro en el que todos los elementos y rasgos principales se inscriben en las divisiones armónicas del rectángulo áureo. Al hombro porta una cruz de concha de carey y plata del siglo XVIII.

Nuestro Padre Jesus Nazareno en- su actual paso procesional

Para un conocimiento más detallado de esta imagen remitimos a publicaciones especializadas y monografías que son fáciles de encontrar. Por lo demás, la imagen de la Dolorosa de esta misma hermandad es de José Felipe Duque Cornejo ya casi concluido el siglo XVII. El palio de los llamados de cajón, uno de los más antiguos
de Andalucía, se adorna con chapa de plata repujada y despliega en sus cuatro lados el texto latino, también en chapa de plata, de la profecía de San Simeón. Las andas del paso del Señor son una prueba de la vigencia y constante actualización del arte de las cofradías. Hoy por hoy puede decirse que representan el concepto más moderno y erudito sobre este asunto de las últimas décadas. Diseñadas por el pintor y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, Juan Fernández Lacomba, suponen un audaz paso adelante en cuanto al despojamiento casi absoluto de ornamentación a la vez que se refuerza el contenido simbólico y litúrgico de sus formas esenciales.
Y ya que hablamos de estos elementos relacionados con las imágenes, no podemos dejar de mencionar el espléndido manto de la Virgen de la Paciencia, de la Hermandad de la Columna. El bordado en oro que representa una enorme mata de cardos y que adquiere un relieve casi escultórico, es curiosamente asimétrico para ocultar los deterioros que tras un incendio instaron a la que en origen fue su dueña, la Hermandad del Calvario, de Sevilla, a sacarlo a la venta a principios del siglo XX. Los nuevos dueños vuelven a venderlo y así es adquirido por la Hermandad de la Columna. Ejecutado en el taller de Josefa Antúnez, es sin duda una de las joyas más notorias del arte del bordado.

Manto Virgen de la Paciencia -Hermandad de La Columna Arte Bordado de Josefa Antunez

En general, la Semana Santa andaluza y muy particularmente la del área próxima a Sevilla, se caracteriza por un sentido de obra total tributario de la sensibilidad barroca. Hablamos de una ópera sacra en la que los actores divinos cuentan con una puesta en escena cuidada hasta el último detalle, y cada uno de esos detalles son otros tantos sellos propios de cada hermandad. Los ropajes ceremoniales, los enseres, las insignias, orfebrería, artes textiles, la música muchas veces compuesta particularmente para una determinada imagen, las distintas mixturas de incienso para darle el toque personal de un perfume exclusivo, etc. Pero sobre todo esa conjunción perfecta entre actor y espectador en la que el público contempla a la vez que se da a contemplar, en la que surge un secreto orgullo de pertenencia al lugar, es lo que hace de nuestra Semana Santa una experiencia cuyas sensaciones calidoscópicas sólo pueden asimilarse de manera simultánea en un efímero aquí y ahora que sin embargo nos dejará inagotables reminiscencias.

Antonio Laula

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