Los Idus de Marzo

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El 20 de marzo empezó el equinoccio de primavera. Desde la antigüedad se vienen celebrando estas fechas con fiestas y rituales llenos de simbolismos de las creencias y espiritualidad de nuestros ancestros. Una de estas fiestas y rituales que está relacionada con nuestras fiestas primaverales y sobre todo con la Semana Santa, fue la fiesta romana dedicada al dios Attis, que debió tener nuestro pasado romano de Carmo. Comenzaba el 15 de marzo, día de los Idus y se extendía hasta el 27, coincidiendo con el equinoccio de primavera. Conmemoraba el nacimiento, muerte y resurrección de Attis con ritos y procesiones en honor de éste y su paredro Cibeles y tenían un significado agrícola y funerario. Esta religión mistérica está muy relacionada con el cristianismo, el cual adoptaría y absorbería sus facetas festivas, culturales y doctrinales, sintetizando sus legados.

Las creencias religiosas de nuestros ancestros romanos, relacionadas con el mundo de los muertos y reflejadas en la simbología de la Necrópolis romana de Carmona de los siglos I y II, son el resultado de la fusión entre los cultos aportados por la romanización y los cultos indígenas. Además se encuentran vestigios de cultos mistéricos como los ya citados de Attis y Cibeles y, posiblemente, de Mitra. Sin embargo es difícil tener una certeza total de los cultos practicados en nuestra Necrópolis. Las fusiones entre distintas creencias y la destrucción de símbolos llevadas a cabo por seguidores de cultos rivales entre sí, dificultan la percepción de los mismos y sobre todo no aclaran nada sobre su mayor o menor implantación social o si tales cultos eran practicados en secreto o abiertamente.

La Necrópolis Romana de Carmona, alberga un mundo fascinante y poco conocido de las creencias del pasado; un legado de símbolos e iconos muy difíciles
de interpretar a veces. Tal es el caso de la enigmática tumba del Elefante cuyo icono principal, el que da nombre a la tumba, es símbolo de la eternidad, relacionado con el sol y a veces asociado con el culto de Attis y Mitra. El elefante en el mundo antiguo representa la vida, la luz y a la victoria sobre la muerte. Tiene un significado funerario como símbolo de eternidad y transvida. Pero también puede tener un significado más terrenal pues el elefante era el emblema de la V legión romana que estuvo vinculada con Carmona. La proximidad de la tumba al anfiteatro y la posible existencia de un santuario de Mitra, (dios venerado por las milicias romanas), alberga esta posibilidad que merece la pena ser investigada. En esta tumba también aparecieron parte de una escultura en piedra de Attis y un betilo que puede tener relación con la diosa madre Cibeles o con Mitra. La situación de la tumba y el estudio arqueo-astronómico realizado sobre la entrada de la luz solar por el óculo de una de sus salas en los solsticios de verano e invierno, hacen pensar que muy probablemente se trate de un Mitreo; pero ésto aún se sigue investigando.

La simbología de la tumba de Servilia nos ha llegado mayormente por los restos conservados de las pinturas murales que decoraban sus galerías y bóvedas a través de los dibujos que de ellos realizó Juan Rodríguez Jaldón, ya que la mayor parte se ha perdido. La pintura más emblemática y que se conserva en una de sus galerías es la que representa, supuestamente, a Servilia en una escena de psicostasia (o pesaje del alma) y en la que aparece una figura femenina pesando en una balanza el alma para ser juzgada y determinar su destino.

Los dibujos que Jaldón realizó de la tumba de Servilia y que me han servido para su recreación, pertenecen a la estancia cupuliforme de entrada a la cámara funeraria en la que todavía se conservan algunos restos. Otros dibujos pertenecen a
una de sus estancias abovedadas y los más representativos de ellos son el toro, la crátera y la paloma. El toro está relacionado con la constelación de taurus, como símbolo astral puede estar relacionado con Mitra y también aparece como animal sacrificado en las fiestas en honor al dios Attis. La crátera formaba pareja con la paloma y se encontraba en la misma sala que el toro. También la crátera podría estar relacionada con Mitra. La paloma, y en general el símbolo del pájaro, se relaciona con el más allá y es una costumbre funeraria prerromana. La paloma es un ave muy repetida en la simbología funeraria romana y está íntimamente asociada a Perséfone, la diosa de la muerte y del mundo subterráneo. Con una larga tradición en las anteriores culturas prerromanas de la península ibérica, la relación alma-pájaro existe desde épocas inmemoriales. La paloma y otras muchas aves que casi siempre van asociadas con plantas y guirnaldas florales, están muy representadas en las pinturas murales de muchas tumbas de la Necrópolis. Las aves en general no sólo están relacionadas con el alma de los muertos, sino también con el sonido del Eliseo, el lugar sagrado donde las almas vivirán.

Esta simbología procedente de las creencias sobre el mundo de los muertos y el más allá que nuestros antepasados relacionaban con la luz, el sol y el cosmos, con la tierra y la naturaleza, es la temática de mi próxima exposición de pintura. Las obras forman parte de la serie Recreaciones que comencé en el año 2013 con la trilogía de La Domus del Ninfeo en la que recreé unos espacios ausentes y misteriosos inspirados en los hallazgos arqueológicos que restauré. Las obras están documentadas en los datos arqueológicos de Jorge Bonsor, Juan R. Jaldón, Manuel Bendala, y otros investigadores actuales como Alejandro Jiménez e Ignacio R. Temiño. Las recreaciones se han centrado en las tumbas del Elefante y de Servilia y en tres de sus manifestaciones plásticas, como es la escultura en piedra y bronce, el relieve de lucernas y la pintura mural. Es un mundo fascinante y desconocido,
lleno de símbolos que son fuente de inspiración para mi obra.

Las obras serán expuestas próximamente en la Necrópolis Romana de Carmona y se organizarán conferencias y debates que nos darán a conocer ese mundo espiritual de nuestro pasado romano.

Pintora y restauradora de Carmona, he dedicado gran parte de mi obra pictórica a sus calles y monumentos, sus paisajes, sus atardeceres (y, cómo no, a su impresionante y mágica Vega); y a conservar y restaurar su patrimonio durante 24 años para sus museos; trabajos fundamentales que hicieron posible sus creaciones.

Celia Márquez Goncer, 2020

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